Y
es curioso como en este poco tiempo, he hallado la manera de
corchetear los días de la semana para aislarlos hasta que me cruzco
con tu sonrisa de nuevo. Por que en estos días grises, estas
sonrisas a media voz que le dedicas al mundo de vez en cuando y de
improvisto, y las cuales robo sin que te enteres, tienen más efecto
analgésico en mí que cualquier químico que pueda entrar en mi
cuerpo.
Por
que me olvido del caos en mi cabeza cuando intento averiguar por qué
tus ojos cambian de color, y por qué ese temblor de manos que tan
poco te gusta, me gusta a mí tantísimo. Por que poco a poco estoy
redescubriendo el sentido del tacto y deshaciendome de ese mecanismo
de autodefensa que hacía que giraras la cabeza cada vez que me
estremecía.
Es
curioso, en sí. Y mientras tanto, tu te tomas el café sin prestarle
atención a nada, y yo miro las volutas de humo del cigarrillo que
está apagándose en el cenicero. Tu con el pijama y yo con pelos de
loca.
Suena
curioso que tras las ojeras que aparecen tras combatir con el mundo
en una noche de alcohol y desenfreno, haya dos miradas que siguen
quemando a aquel que se atreva a desafiarlas. Te dije que sería
divertido.
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